La emergencia ha sido atendida. Bien por el gobierno que ha actuado con celeridad y eficacia; bien los ministros en terreno. El COEN ha funcionado bien y eso hay que reconocerlo. Alcaldes y autoridades regionales han mostrado perfiles variados, pero ahí donde hacen bien, han tenido y tienen espacio para actuar; donde no cumplen con su tarea, el Poder Ejecutivo está cubriéndolos para asegurar que la población. Por ahora lo clave ha sido estar ahí y atender la emergencia. Ya vendrán tiempos de balance sobre lo hecho por cada quien. 

Bien por la sociedad que se ha mostrado generosa y solidaria. Donaciones de especies, pero sobre todo de tiempo y esfuerzo. Hay que seguir ayudando, pero claramente no es sostenible lo visto en el último mes.

Quedan zonas en riesgo, falta terminar de atender a muchos, pero ahí vamos. Si vienen más desastres, sabemos que serán atendidos. El país ha mostrado capacidad de respuesta y eso tranquiliza. Ante la crisis, hubo (y hay) respuesta.

La reconstrucción viene. Hay recursos financieros disponibles para este tipo de situaciones y hay un conjunto de líneas de crédito contingentes que se pueden activar y asegurar que accederemos a los recursos financieros que se requieran. 

Foto: Andina

Hay que esperar las cuantificaciones y la presentación de un plan de reconstrucción. Con este plan será necesario que nos aseguren que los recursos se gastarán bien, rápido y transparentemente. Gran responsabilidad y oportunidad para el Ejecutivo de mostrar que se tienen las capacidades de hacer las cosas (honesta y transparentemente) bien. Queda por resolver cómo y a quién se contratará para el plan de reconstrucción de la gran infraestructura (carreteras, puentes, etc.) y para reponer la infraestructura básica que permita volver a ofrecer servicios públicos (escuelas, postas, etc.). 

Todos estaremos atentos a estos procesos. Y sobre todo atentos a como ayudar para acelerar estos procesos para asegurar que se retome cuanto antes la actividad económica y la seguridad en las zonas afectadas, pero a la vez para exigir la diligencia y transparencia en los procesos.

Pero, entre la atención de la emergencia y que se logre la reconstrucción hay un periodo largo, un tiempo muerto, en el que los damnificados enfrentarán enormes y heterogéneos desafíos. Será necesario pensar en mediadas para ofrecer una suerte de puente entre la atención de la emergencia –los alimentos, el agua, las carpas y colchones- y la completa operación de la nueva infraestructura, la restitución de los servicios y la vuelta de los afectados a la vida económica. Urge entender lo diverso de las situaciones de los afectados para que el puente sea útil, flexible y relevante para los damnificados.

Mientras los damnificados recuperan sus actividades generadoras de ingreso necesitarán recursos para diversos fines. Unos necesitarán comprar calaminas porque sí les quedaron paredes, otros para colaborar con los gastos de la casa de los familiares que los han acogido, otros que están en carpas y comiendo de las donaciones necesitarán comprar zapatos para que los niños vuelvan al colegio, y así. Cada familia damnificada requiere apoyo para retomar, poco a poco, su vida cotidiana.

Foto: ANdina

Una opción es asegurar un flujo mínimo de recursos que llegue directamente a los propios afectados para que los destinen a lo que les urge más. Una suerte de transferencia temporal que de tranquilidad a las familias y les permita resistir mientras retoman sus actividades o se insertan en alguna nueva dinámica. Estos recursos han de ser por definición temporales. Sea por un tiempo predefinido o por un monto máximo a entregar. Estos recursos además ayudarían a reactivar los mercados locales. Se trata de generar un puente temporal que de confianza, esperanza y capacidad de decidir a los damnificados.

Hay otras opciones, como por ejemplo los programas de empleo temporal para los damnificados. Estos pueden ser efectivos pero requieren altos niveles de coordinación con entidades locales que pueden reclutar, monitorear y pagar a estos empleados temporales. Estos programas suelen ser insuficientes para atender a todos los afectados. También se puede pensar en prolongar la ayuda en especie. Esta opción no otorga la flexibilidad suficiente (cada damnificado requiere productos y recursos distintos) y nuevamente exige una coordinación logística bastante sofisticada.

Se pueden buscar y discutir más opciones, pero tenemos que hacerlo pronto, pues los damnificados necesitan saber con qué apoyos contarán para el proceso de reconstrucción de sus viviendas, comunidades y medios de vida. Sería útil que alguna de las entidades públicas asuma el liderazgo en este debate y de la planificación de las actividades que serán vitales para que las familias afectadas puedan llegar al momento en que culmine la reconstrucción.